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Guadalupe Sánchez: parirse a sí misma

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Guadalupe Sánchez: parirse a sí misma

Han sido 44 años desde que Guadalupe nació en Puebla, México. En su niñez vivió con su madre y sus tres hermanos menores. Nunca conoció a su padre, de quien siempre le dijeron que había muerto. Con mucho esfuerzo terminó su educación secundaria, ya que ayudaba a su madre en el cuidado de sus hermanos. Luego comenzó a trabajar como vendedora en una fábrica textil. Ahí conoció a Pedro, con quien se casó a los 21 años. Pedro siempre apoyó a Guadalupe y ella lo amaba profundamente. Juntos tuvieron un hijo y una hija, a quienes adoraban.

Por asuntos de trabajo de Pedro, se mudaron a Ciudad de México donde comenzaron una nueva vida. Guadalupe encontró un nuevo empleo en el que puedo ir ascendiendo con el paso de los años. La vida parecía estable y cómoda para ella, hasta que la noche de un 15 de junio del 2016 recibió una trágica noticia. Su hijo mayor, Francisco, había sufrido un accidente automovilístico en una carretera cercana a la capital y había fallecido. Tenía 19 años.  Al recibir la noticia se desmayó y despertó acostada rodeada de Pedro, María -su hija menor- y de un par de personas desconocidas. El mundo para Guadalupe había acabado.

En los días siguientes a la muerte de Francisco, las personas estuvieron a su lado, pero posteriormente, el mundo continuó su ritmo y Guadalupe se vio frente a la ausencia permanente de su hijo. Llegó el momento de volver al trabajo. Ya nada parecía como antes. Ella sentía una urgente necesidad de ayuda, por lo que solicitó a sus jefes y compañeros un poco de flexibilidad en sus horarios, para poder vivir su duelo. Para estos últimos la petición de Guadalupe significaba más carga laboral sobre sus hombros por lo que no tardaron en negarse. A su vez, la jefatura interpretó esta necesidad como una debilidad y un aprovechamiento, por lo que también se negaron.

Frente a las negativas recibidas, Guadalupe, como muerta en vida, continuó yendo a su trabajo. Junto a su creciente desánimo, comenzó a sentir una hostilidad hacia ella de parte de sus colegas que nunca había sentido. No le hablaban y cuando ella se acercaba a hablarles estos les contestaban mal o la ignoraban. Llegó un momento en que no le delegaban tareas para realizar, lo que socavó en ella un profundo sentimiento de inutilidad y sin sentido.

El 15 de marzo del 2017, será una fecha que ni Guadalupe ni su familia olvidarán. A las 21.00 horas, María llegó a la casa. Saludó en voz alta, pero nadie respondió. Extrañada buscó a su madre en las habitaciones, hasta que la encontró acostada en la cama sin responder y a su lado, una caja de pastillas vacías. Rápidamente, María llamó a su padre y a una ambulancia.

Guadalupe había intentado suicidarse. Estuvo ingresada tres meses. Al salir de alta, estuvo con baja laboral por motivos de salud mental y con apoyo psicológico. Durante todo este tiempo se enfrentó cara a cara con su dolor, pero también con el dolor de su familia, que no solo lloraba por la muerte de Francisco, sino por intento de suicidio de ella.

Mirar en su ser más profundo, haber estado en la profundidad más oscura de sí misma, le permitió verse y valorarse como una mujer fuerte, como una mujer con mucho potencial para ayudar a otras personas desde su experiencia y realizarlo como una fuente de sanación personal, ya que la muerte de su hijo sería una herida que siempre necesitaría reparación.

Con el tiempo, Guadalupe comenzó a sentir que se había parido a sí misma, y que estaba ayudando a otras mujeres a hacerlo. No obstante, se encontraba el fantasma de la vuelta al trabajo, de enfrentarse nuevamente a la violencia y de todo el daño que ella le provocaba. Intentó que le extendieran la baja, pero no lo aceptaron, los médicos habían decidido que ya era hora que Guadalupe se reintegrara al trabajo.

Parte del parirse a sí misma tuvo que ver con el duelo, pero también con su enfrentamiento ante la violencia. Por un lado, sentía que no era la misma y que no aceptaría más humillaciones ni hostigamientos, pero por otro, no podía silenciar el miedo que se hacía presente cada vez que recordaba su trabajo. Lo cierto es que Guadalupe ya no ve el mundo con los mismos ojos, ni tampoco a sí misma como una mujer más. Su experiencia, fortaleza y capacidad de hacer florecer la vida desde lo más amargo de ésta, la hace distinta aunque su historia no aparezca en los grandes relatos de la historia.

 

 

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