LAS MUJERES DE A PIE

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Un tema recurrente que me he encontrado en mi vida profesional y familiar es el reconocimiento femenino. Por ejemplo, una pregunta frecuente que me han realizado muchas mujeres con las que he trabajado en investigación es “¿por qué quieres saber de mí?, ¿qué tengo yo de especial?” o simplemente la afirmación “no tengo nada importante que decir sobre mi”. Otro ejemplo, del lado familiar, son libros infantiles “Mujeres Extraordinarias” que colecciono para mis hijas, con el fin de que conozcan más modelos femeninos con los que puedan identificarse.

Pero ¿qué tienen en común estos dos ejemplos? Que ambos hacen referencia a la devaluación y valoración de lo femenino. La devaluación de las experiencias cotidianas y vitales de las mujeres que caminamos día a día por la calle, las que tomamos el transporte público, las que vamos a hospital, las que vamos a trabajar, las que hemos criado, las que luchamos por nuestras comunidades, las que nadie nos menciona en libros ni nos hacen biografías. Y en su otro extremo, la valoración de ciertas mujeres “extraordinarias” que se destacan por no ser como las otras.

Si pienso en las mujeres que conozco, todas tienen historias valorables que las hacen (extra)ordinarias. Unas con su historia ya escrita, otras que la están terminando y otras que se encuentran en pleno proceso de escritura. Tengo páginas y páginas de relatos de mujeres que han sido fundamentales para sus comunidades locales, vitales para la humanidad, esas mujeres de las que el capitalismo no habla.

Entonces, la tensión se traduce, por un lado, en la necesidad de reconocer la contribución de aquellas mujeres que han sido omitidas en el arte, la ciencia, etc., esas mujeres que Silvio Rodríguez bien sostiene “la historia anotó entre laureles”, y por otra, en el olvido y el silencio de los logros, luchas y experiencias de nosotras, las mujeres de todos los días, de las mujeres de a pie, esas mujeres, que el mismo cantautor dice “no hay libro que las aguante”. ¿Por dónde pasa el reconocimiento?  ¿Nosotras nos reconocemos mutuamente? ¿Nos vemos a nosotras mismas como referentes? ¿Cómo valorar aquello que nos han inculcado que no tiene valor?

El reconocimiento social no ha sido una temática fuera de las controversias. Muchas de las críticas realizadas apuntan a que solo serviría para generar conformismo con el sistema social imperante, sometiendo a las personas que vivimos insertas en él a asumir obligaciones sociales con nuestro completo beneplácito. Axel Honneth (2006) sostiene que este tipo de críticas se dirigen a un tipo de “reconocimiento fallido o defectuoso”, que se relacionaría con el menosprecio y humillación (Honneth, 2010), ya que el reconocimiento debería ser justamente lo contrario, nunca debería ser funcional a una forma de dominación.

Ahora bien. Más allá de las críticas, el reconocimiento hace referencia a cualidades positivas de las personas o grupos, que debe traducirse en una acción, vale decir, no basta quedarse solo en las palabras, no puede ser puramente retórico. De igual forma, debe ser un fenómeno destacado o distintivo en lo social, “cuando su propósito primario de alguna manera está dirigido positivamente a la existencia de otra persona o grupo” (Honneth, 2006, p. 134), contemplando diversos subtipos que de forma genérica podemos conceptualizar como reconocimiento (Idem).

Por lo anterior, es que gracias al reconocimiento podemos darnos cuenta de nuestro no-reconocimiento, vale decir, ser conscientes de que no somos centrales en la vida social, que somos personas atravesadas por desigualdades, pero que justamente por esto, contamos con un potencial de movilización y resistencia. De esta manera, es fundamental pasar del no reconocimiento al reconocimiento.

Cuando las mujeres me preguntan qué tienen de especial, o por qué quiero conocerlas, se ven enfrentadas al espejo, a mirarse y reconocerse, a contarse… muchas terminan diciendo “¡debería escribir un libro!”, pasando del no reconocimiento al reconocimiento. Nuestra oportunidad está en lo mutuo, en asumir nuestra posición y desde ahí generar cambios. No me refiero a tener nombres en calles, a metros cuadrados ni a libros biográficos, sino a la centralidad de las mujeres (extra) ordinarias en sus contextos locales, en la valoración de los diferentes aportes que hacen y de sus experiencias. Se trata de que sus historias trasciendan sus vidas, mostrando que mientras los hombres son héroes y las mujeres “extraordinarias”, el día a día de aquellas que solo son ordinarias -ni hablar de llegar a ser heroínas– son las que sustentan y mueven las comunidades.

No nos conformemos estando “siempre a la sombra y llenando un espacio vital”, como dice Silvio Rodríguez, sino comencemos por nosotras, reconozcámonos, veamos nuestros modelos en las mujeres que están a nuestro lado, en esas… esas que son las mujeres de a pie.

 

Bibliografía.

Honneth, A. (2006). El reconocimiento como ideología. ISEGORÍA, 35, 129-150.

Honneth, A. (2010). Reconocimiento y menosprecio. Sobre la fundamentación normativa de una teoría social. Buenos Aires: Katz Editores.

Rodríguez, S. (1978). Mujeres. En Mujeres [Cassette]. La Habana: EGREM.

 

4 Comments

  1. Carmen Rubio

    Gracias, Constanza por el gran aporte que haces valorando y homenajeando a las mujeres de este mundo, tan apabulladas durante el desarrollo de la historia.

    1. Constanza Gómez Rubio

      Muchas gracias.

  2. Carmen Rubio

    No conocimiento, Reconocimiento, Mujeres (extra) ordinarias , Mujeres Extraordinarias. Es un planteamiento muy interesante. Recordé al profesor y filósofo español, en algunos conceptos que el manejaba y que podríamos hacer una analogía, adaptada a lo femenino. Él hablaba de la Historia y la Intrahistoria. La Historia es la que aparece escrita en los libros , todos la conocen, sabemos sus nombres y sus acciones . La Intrahistoria, en cambio, es aquella que construyen las personas comunes día a día y que no aparece escrita en los libros, es anónima , pero que igualmente es importante porque es el tejido social que va cambiando a la sociedad. Si aplicáramos estos conceptos a lo femenino, a la mujer, la Intrahistoria femenina sería la que construyen todas las mujeres que les permite salir del No conocimiento al Reconocimiento, ser conscientes de sí mismas, de cómo han sido desvaloradas por el machismo de todos los tiempos. La Historia , es la de aquellas pocas mujeres que aparecen sus nombres en los libros, conocemos sus vidas privadas y sus grandes luchas épicas, que de (extra)ordinarias pasan a ser Extraordinarias. Sea como sea, en ambos casos, sin ellas , estaríamos en la época de las cavernas. Te felicito por tu artículo. Un aporte más al feminismo.

    1. Constanza Gómez Rubio

      Muy interesante!! Muchas gracias por el aporte. Un beso.

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