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Palabras de un resentido chileno

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NOTA DE EDITOR: Esta nota nos llegó y que nos ha solicitado cambiar su nombre, a nuestra organización nos parce importante publicar y compartir, visibilizando la realidad que muchas y muchos chilenas/os viven. Asimismo agradecemos la confianza de la persona que nos ha enviado este testimonio, y como siempre quedamos abiertos a todas y a todos aquellos que deseen expresarse.

Yo tengo resentimiento… y mucho. ¿Hacia quién? hacia la clase alta chilena. Hacia aquellos a los/las que no les falta espacio para vivir. Hacia aquellos que pueden jugar a ser pobres o que les faltan recursos. Hacia aquellos que ya tenían un futuro asegurado al salir del liceo, e incluso desde que nacieron. Hacia aquellos que se encuentran mejor arriba de la ciudad y para quienes no es necesario mirar lo que ocurre abajo.

Yo los conozco bien. Me he codeado con ellos y ellas en diferentes ámbitos. He trabajado para ellos y más de alguno ha sido de mi simpatía. Por eso mismo pienso que, aunque se quemara toda la clase alta de Chile, no resolveríamos nada… no conllevará nada, y saben por qué, porque siempre habrá otro igual que quiera perpetuar su estado y su poca empatía. La poca empatía de la clase alta chilena, aquella que alaba el individualismo, pero va a la iglesia y pregona la paz.

Usted puede tratarme de resentido, y sabe por qué, porque yo nací en suelo de tierra. El alcantarillado llegó a mi “casa” recién en los años 90’s. En el lugar en que vivía la humedad se traspasaba cada mañana mientras usted estaba muy apacible en su casa de allá… de la Plaza San Enrique, del Parque Araucano, del Parque Bicentenario, del barrio Los trapenses, o del barrio San Damián, por solo mencionar algunos.

Mientras a usted o a sus hijos, las crío su nana de toda la vida, esa que “es parte de la familia” y que usted llorará si muere; mi madre era esa nana. No la veía casi nunca y el dinero escaseaba. La presión era tanta que terminé siendo violentado por ella. Ni pensar en un médico de cabecera o pediatra para evaluar mi crecimiento, tampoco el frío que pasaba al ir al colegio, en que sentía cómo mis manos se resquebrajaban por las mañanas al no tener con qué cubrirlas, y no tener dinero para comprar algo pues debíamos decidir si comer o abrigarnos.

Seguramente usted o sus hijos jugaban en los árboles y con los juguetes de marca que tenía, yo jugaba en una plaza de tierra, porque donde vivía no había árboles. A los 5 años aprendí a andar solo por la calle en las micros de colores (80’s y 90’s) para llegar al colegio. A propósito, estudié en colegio público y no tuve libros para leer en mi infancia. Lo comencé a hacer cuando abrí los ojos en el instituto, en una de esas noches llorando en el baño porque sentía que ya no podía más… trabajaba en el día y estudiaba de noche, y no me alcanzaba el dinero para comer, pero yo solo quería estudiar y concentrarme en eso, quería hacer valer la «meritocracia» que siempre me inculcaron… Ahí comprendí que debía leer para entender lo que pasaba. No como usted que siempre tuvo libros, pero aún no entiende lo que ocurre.

Ahora miro a mi abuela, ella vive con una pensión de 65 mil pesos, en tanto mi abuelo, que nunca dejó de trabajar tiene una de 95 mil… También miro para adelante. No tengo hijos y aunque alguna vez lo he pensado, creo que sería una crueldad. ¿Qué futuro le esperaría aquí? Probablemente trabajarle a la clase alta, como lo he hecho y lo sigo haciendo yo, por poca plata y muchas humillaciones. Si es para eso, mejor no.

Soy resentido, porque luego de ser más consciente vi que en esta batalla la esperanza de que otras personas como yo no pasaran por lo mismo, porque a pesar de no tener las redes que usted tiene, de no tener la casa que usted tiene con piscina en verano y estufa en invierno, al menos sé que no he matado a nadie por la desigualdad, porque para que usted viva como lo hace, es necesario que otros se sacrifiquen y sacrifiquen sus vidas.

Termino… soy un resentido y un picante para usted, pero mientras su sistema no me mate, seguiré protestando y molestándolo.

 

Ignacio Álvarez
Cerro Navia – Santiago de Chile.
27/01/2020

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